Había llegado a la misma conclusión durante este mes en dos ocasiones. Era hora de ponerse manos a la obra. Por diferentes vías ha llegado a la conclusión que la clave del éxito de mi despacho estaría en el “propietario”. Si consiguiese que todo mi esfuerzo y el de Marta fuera percibido por nuestros clientes, y no solo eso, sino que también le supusiera un valor añadido, seríamos capaces de fidelizar nuestra cartera e incluso de aumentarla.

El paso de estos años me había enseñado que el boca a boca era fundamental para conseguir más comunidades de propietarios. Ahora me sentía fuerte. Todo lo que pasaba por mi cabeza era tan distinto a hace unos años que me notaba incluso raro.

Jamás escuché este planteamiento a D. Rafael, ni tan siquiera algo parecido. Siempre hablaba de su despacho, de su gestión, de lo que le parecía a él lo mejor, pero nunca de lo que quería el propietario.

Tan solo esperaba que todas mis expectativas pudieran hacerse realidad y convertirme en un despacho referente. A mitad de este viaje rebosante de ilusión, fui interrumpido por Marta: “Salvador, Salvador” – gritaba. Otra vez se había atascado la impresora a mitad de trabajo de una larga convocatoria.

Por un momento me sentí atrapado nuevamente en la rutina, en las viejas costumbres, en esa espiral de trabajo que nunca te permite ver el conjunto de las cosas y lleno de incesantes emergencias.

Respiré profundamente, tome aire y aunque contesté, lo cierto es que para nada estaba pensando en esa inútil impresora, que había comprado de segunda mano hace año y medio. “Marta, a partir de ahora, este despacho va a cambiar, y mucho, y necesito tu ilusión y tu predisposición al cambio”.

Creo que Marta pensó que me estaba volviendo loco. Tan solo me había dicho que había un atasco en la impresora y yo le había informado de la hoja de ruta de la empresa, de todo un propósito de intenciones, de una estrategia empresarial.

De inmediato, y sin darle tiempo a que me contestara, volví a repetir con voz más alta: “Marta, que tenemos que cambiar nuestros malos hábitos, necesitamos ser más eficientes, trabajar hacia y para el propietario”. Marta me contestó – “A todo eso me apunto Salvador”.

Con esa breve respuesta, ya supe que Marta se había subido a este nuevo tren llamado “cambio”, y que sería una estupenda compañía.Mañana empezaremos a planear todo lo que necesitamos. Daremos prioridad a cosa y empezaremos a trabajar para conseguir cada uno de los objetivos marcados.