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6 reglas para convivir en armonía con tus vecinos

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Es importante encontrar un equilibrio en el trato con tus vecinos para lograr que haya armonía entre la educación, la privacidad y el respeto

Antes era muy probable que tu vecino llegara a convertirse en tu mejor amigo o en tu peor enemigo. Porque el roce hace el cariño o crea fricción hasta provocar fuego. Pero al menos había contacto. Para bien o para mal. Ahora, en muchas comunidades, ya no es así. Algunos propietarios y alquilados no se saludan y apenas cruzan las miradas, aunque no tienen el mismo cuidado para pasar desapercibidos en la intimidad de su hogar: ventanas abiertas, ropa interior a la vista, ruido desmedido, etc.

Es importante encontrar un equilibrio en el trato con tus vecinos para lograr que haya armonía entre la educación, la privacidad y el respeto. Os damos algunos consejos básicos para que la convivencia a distancia con ellos no se convierta ni en un infierno ni en un absoluto vacío.

Mi vecino siempre saludaba. No cuesta nada pronunciar un ‘hola’ o un ‘buenos días’ al pasar por el lado de una persona en el rellano o en el patio del edificio. Y más para que tu minutito de gloria en la televisión si pasa algo en su casa no se reduzca a ‘¿ahí vivía alguien?’. Ante todo, respecto y buena educación con tus vecinos.

No quieras para los demás lo que no desees para ti. Si escuchas música a todo volumen molestarás a tus vecinos y, seguramente, se cobrarán el disgusto subiendo (o bajando) a quejarse o respondiendo con la misma piedra. Teniendo cuidado con las melodías que bailas o canturreas te ahorras una incomodidad, ¿no?

Ladridos que enervan. Tener una mascota supone una responsabilidad tanto de ti para ella como de ti para tus vecinos, ya que sus ladridos, maullidos o píos pueden perturbar su descanso a horas no adecuadas para el ruido. La mejor arma contra ello: la educación o el adiestramiento de los animales desde pequeños para evitarlo.

Otros sonidos no demasiado agradables. Dar golpes con el martillo a altas horas de la noche, muy temprano por la mañana o a la hora de la siesta puede suponer problemas con otros propietarios, sobre todo, si se alarga en el tiempo o se repite varios días. Guarda las herramientas en la caja en esos momentos del día y seréis todos felices. Eso sí: si él o ella hace lo mismo, ¡quéjate! Pero educadamente, para que no se vuelva a repetir.

La vecina del segundo te guiña un ojo. A veces las luces desde el interior de la casa pueden interferir en el transcurrir de la vida de tu vecino. Por ejemplo, cuando son muy potentes y coinciden con su dormitorio cuando está descansando. Procura tenerlo en cuenta y correr las cortinas o cerrar las ventanas si eso sucediese y necesitases luz artificial de madrugada.

En puerta cerrada no entran moscas. La privacidad es algo muy valorado cuando te encuentras en tu propia casa, tanto para que nadie conozca tus secretos más ocultos (no tienen por qué ser fraudulentos) como para que tampoco sepan que el orden y tú no os lleváis muy bien (en el caso de ser así). Por lo tanto, mantened las puertas cerradas y las ventanas, al menos, con las cortinas corridas o de manera similar.

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